¿Qué es la misofonía?
La misofonía, también conocida como trastorno de sensibilidad selectiva al sonido, se caracteriza por una reacción emocional intensa y negativa ante ciertos sonidos cotidianos. Estos sonidos suelen ser repetitivos, de bajo volumen y producidos por otras personas, como el masticar, sorber, clics de bolígrafos, teclear o incluso la respiración nasal. En lugar de ser una molestia común, quien padece misofonía experimenta ira, ansiedad, irritación extrema o incluso ataques de pánico.
A nivel cerebral, las investigaciones muestran una conexión anormal entre el sistema auditivo y el sistema límbico, encargado de las emociones. Un estudio de la Universidad de Newcastle observó que las personas con misofonía presentan una mayor activación de la ínsula anterior, una región relacionada con la percepción emocional de estímulos.
Contrario a lo que se piensa, la misofonía no es un trastorno auditivo, ya que el oído físico y la percepción del volumen funcionan correctamente. Es una condición neuropsicológica, más relacionada con cómo el cerebro interpreta y reacciona ante ciertos estímulos auditivos.
La severidad varía: algunas personas pueden vivir con ciertos ajustes, mientras que otras ven afectadas sus relaciones personales, vida laboral o rendimiento académico por evitar entornos donde los sonidos desencadenantes son frecuentes.
¿Cómo se diagnostica la misofonía?
El diagnóstico de misofonía aún no se encuentra en los manuales diagnósticos oficiales como el DSM-5 o la CIE-11, pero cada vez más profesionales de la salud mental reconocen el trastorno como una entidad clínica legítima. El proceso diagnóstico es clínico y multidisciplinar, e incluye los siguientes pasos:
- Entrevista clínica estructurada
El profesional recoge el historial del paciente, identifica los sonidos que provocan malestar y evalúa la intensidad emocional y conductual de la respuesta. También se analizan los contextos en los que aparece la reacción, su frecuencia y las consecuencias sociales o psicológicas.
- Cuestionarios validados
Uno de los más usados es la Amsterdam Misophonia Scale (A-MISO-S), un instrumento que ayuda a cuantificar la severidad del trastorno, muy útil tanto para el diagnóstico como para el seguimiento de la evolución en terapia.
- Descartar otras causas auditivas
Se deben diferenciar otras condiciones como la hiperacusia (hipersensibilidad a sonidos fuertes), tinnitus o trastornos obsesivo-compulsivos, que pueden compartir síntomas pero tienen un origen y tratamiento distintos.
- Evaluación psicométrica y emocional
A menudo se solicita apoyo de psicólogos para medir niveles de ansiedad, impulsividad, control emocional y síntomas asociados como el aislamiento o la fobia social, lo que puede abordarse eficazmente con un enfoque de terapia para el estrés.
Aunque el diagnóstico puede parecer complejo, identificar la misofonía con precisión permite aplicar tratamientos adecuados y evitar confusiones con otras patologías sensoriales o emocionales.
¿Qué soluciones existen para la misofonía?
Aunque no existe un tratamiento curativo definitivo, hay enfoques terapéuticos eficaces que permiten reducir notablemente los síntomas y mejorar la calidad de vida. La elección del tratamiento dependerá de la intensidad de los síntomas, la historia clínica del paciente y su entorno.
Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)
Es el enfoque con más respaldo científico. La TCC ayuda a identificar los pensamientos distorsionados que aparecen frente a los sonidos desencadenantes y trabaja en su modificación. También incluye técnicas de desensibilización sistemática, entrenamiento en control de impulsos y reestructuración cognitiva.
En muchos casos, se enseña al paciente a modular la respuesta emocional mediante exposición controlada y estrategias de afrontamiento.
Entrenamiento de reactividad emocional
Se trabaja con técnicas de gestión emocional, respiración diafragmática, mindfulness y relajación progresiva para reducir la respuesta física y mental ante el estímulo sonoro. Es especialmente útil en personas con ansiedad comórbida.
Terapia de exposición gradual
Permite enfrentar los sonidos de forma controlada, comenzando con grabaciones suaves y cortas, hasta lograr una habituación al estímulo. No se busca eliminar el sonido, sino modificar la reacción emocional al mismo.
Terapia de exposición gradual
Permite enfrentar los sonidos de forma controlada, comenzando con grabaciones suaves y cortas, hasta lograr una habituación al estímulo. No se busca eliminar el sonido, sino modificar la reacción emocional al mismo.
Apoyo del entorno y estrategias de manejo diario
Enseñar al entorno cercano (pareja, familia, compañeros de trabajo) a comprender la condición es vital para evitar tensiones. También se recomienda:
- Uso de auriculares con sonido blanco o música ambiental.
- Practicar autoafirmación y aprender a comunicar límites de forma asertiva.
- Crear espacios seguros donde el paciente pueda regularse si se siente desbordado.
Enfoques complementarios
Aunque no son primera línea, algunos pacientes encuentran beneficios en terapias como la estimulación auditiva o el neurofeedback, sobre todo en casos complejos o resistentes al tratamiento convencional.
Preguntas frecuentes sobre la misofonía
- ¿La misofonía tiene base genética?
Aún no se ha confirmado un componente genético, pero existen antecedentes familiares en algunos casos, lo que sugiere que podría haber cierta predisposición neurobiológica.
- ¿Puede la misofonía relacionarse con el autismo?
Algunas personas dentro del espectro autista presentan reacciones similares a los sonidos, aunque en estos casos pueden coexistir con hipersensibilidad sensorial generalizada.
- ¿La misofonía empeora con el estrés?
Definitivamente. En contextos de mayor ansiedad o estrés sostenido, la reactividad ante los sonidos tiende a intensificarse. Por eso la gestión emocional es clave en el tratamiento.
- ¿Se puede convivir con misofonía sin tratamiento?
Aunque algunas personas desarrollan estrategias propias de afrontamiento, el tratamiento profesional acelera la mejora y evita consecuencias sociales o psicológicas a largo plazo.
- ¿Qué rol juega el entorno social en la recuperación?
Un entorno comprensivo, flexible y educado sobre la misofonía puede ser un factor protector clave, ya que reduce el estrés y evita situaciones de exclusión o conflicto.


